Señoras, señores, niños
raptados y por raptar, militares sin graduación,
españoles todos con ganas de ser franceses:
Inquietos conciudadanos, preocupados por
la que está cayendo con los papeles de Filesa, me
han venido a plantear, para que les responda desde esta
tribuna, la cuestión que hace perder el sueño
a los electores. Pues la pregunta del millón, de
los muchos millones que vuelan, es la que me han formulado:
--- Oiga usted, en Filesa, ¿se manga
o se trinca?
Difícil cuestión , nudo gordiano
de la teoría y la praxis política. Para responder
a asunto tan complicado como decisivo para el inmediato
futuro de la Patria, remedio de sus males y propiciación
de sus bienes, permítanme que, a mi vez, me haga
una pregunta retórica: ¿Es lo mismo mangar
que trincar? Ah, no, señoras y señores. Esta
es la vulgar creencia, vicio de pensamiento en el que muchos
caen.
Para desmentirlo, tenemos que remitirnos
a cita de autoridad. Podíamos evocar ahora pasajes
enteros del "Guzmán de Alfarache", o del
"Lazarillo de Tormes", pues es sabido que nuestro
patio de Monipodio y alivio de carteras sólo puede
ser dilucidado a la sombra de la picaresca. Pero tenemos
el testimonio de autoridad como fue Beni de Cádiz,
un verdadero filósofo del lenguaje, que sabía
del castellano más que doña María Moliner
y don Fernando Lázaro Carreter juntos.
Cuando Beni fue designado por el ayuntamiento
socialista de su Cádiz pregonero del Carnaval, preguntó
a un viejo amigo, como quien les habla desde esta tribuna:
--- Antoñito, hijo, tú que
has dado el pregón, díme, que tengo una duda
que me quita el sueñecito. Por dar el pregón
del Carnaval, ¿se manga o se trinca?
Preguntamos entonces a nuestra vez al filósofo
popular que así nos inquiría:
--- ¿Y qué diferencia existe
por ventura entre "mangar" y "trincar"?
¿ No es lo mismo acaso?
A lo que Beni, investido de la autoridad
de los tres mil años de Cádiz que llevaba
personalmente en todo lo alto, nos aclaró:
--- Ah, no, querido, no es lo mismo. Mira,
trincar es apañar dinerito, hayares, billetitos,
moneditas, de esas redonditas de veinte duritos, de cien
duritos, o esos papelitos de color moradito con ese Principe
de Asturias que lo ves y se te caen dos lágrimas,
no por el Principe, sino por los dos mil duritos que te
guardas para los gastitos de la casa si lo trincas... Y
mangar, querido, es una cosa muy distinta. Se manga una
cenita cuando te convidan, se manga un viajito cuando te
mandan los billetitos de avión para que acudas a
una fiestecita, qué susto el avión, por la
gloria de mi mare... Se mangan unos langostinitos, o si
el dueño de la casa es un panoli, pues se mangan
unos ceniceritos de plata y se venden luego a un anticuario
mariquita amigo tuyo...
--- O sea, que trincar es en dinero y mangar
es en especie...
--- Completamente cierto y verdad...
--- ¿Entonces la mangoleta no es
lo mismo que la trincadeira...?
--- No, corazón, en la mangoleta
hay cositas que se mangan y en la trincadeira hay billetitos
que se trincan, ¿cómo va a ser lo mismo, Dios
mío de mi alma? El mismo nombre lo dice, que es distinto:
trincar y mangar...
Ustedes mismos, pues, con esta suprema lección
de filosofía del lenguaje, pueden determinar la cuestión
clave que se ha planteado en España. En Filesa, por
tanto, señoras y señores, se mangaba y se
trincaba. Ese juez Barbero que tanto ha investigado llegará
a la conclusión que acabamos de esbozar. Pues tras
examinar todos los documentos que han ido llegando a sus
manos mediante el alquiler de autotaxímetros, colegirá
probablemente que mangaba el partido que se beneficiaba
de tal fuente de ingresos, mangaba las facturas que eran
pagadas, las deudas electorales que eran abonadas mediante
tan anormal vía... Y, de consuno, trincaban también
los cheques y documentos bancarios, y las transferencias,
los diputados y senadores que el negocio llevaban.
El famoso caso Guerra, en el que nadie sabe
ya quién es hermano de quién, fue paradigmático
de la confusión de términos que atormenta
a la política española. No se ha demostrado
hasta ahora que en el despacho oficial de le Delegación
del Gobierno de Andalucía se trincara, pero sí
mangaban sus visitantes: mangaban una recalificación
de terrenos, mangaban una subvención oficial. En
cuanto al ocupante del despacho, mangaba también,
pues don Julián Lago, en su famoso tratado "De
Machina Veritatis", lo mostró en el chalé
que ha mangado por la parte de Cádiz, que no se le
conocía antes de la famosa aventura de los cafelitos.
Recientemente, el ministro señor
Corcuera ha desmentido la general acusación que el
pueblo hace, y es que los socialistas en el poder, aunque
no hayan trincado, sí que han mangado. Dijo Corcuera
que los socialistas viven como antes de que tuviesen responsabilidades
de gobierno. Y aparte de que en las casas de socorro se
registraron aquel día inusuales asistencias por ataques
repentinos de risa, el pueblo que nos plantea estas cuestiones
semánticas pensó inmediatamente en la mangoleta,
a la que el maestro Campmany llama "mamandurria"
en su famosa obra "Diccionario de Términos y
Sinónimos de la Corrupción en Celtiberia".
Pues el señor Corcuera puede decir misa, pero todos
saben que González ha mangado un superior nivel de
vida, que no tenía antes de llegar al ejercicio del
poder, y que el presidente andaluz, don Manuel Chaves, manga
cada día la vida a cuerpo de rey en el palacio que
llaman la Casa Sundhein y en el otro palacio que llaman
de San Telmo, que hay quien manga la vida en palacios a
dos manos, lo que hubiera sido el sueño gaditano
de nuestro filósofo. Y no hay que explicarles a ustedes,
señoras y señores, cómo Boyer, ejemplo
máximo de la mangoleta y del acercamiento al perol,
mangó su famosa casa, en la que el perro, afortunado
can donde los haya, mangó, además, la calefacción
de su caseta, que es algo así como si dijera la introducción
de la figura de la mangoleta subsidiaria dentro de la mangancia.
Manga, señores, el ministro que tiene chófer,
coche, secretaria, vivienda oficial y tarjeta de crédito
para sus gastos. Manga, cuanto menos, la luz que le alumbra
en sus horas de ocio, y el teléfono por el que llama
a Estados Unidos para hablar con sus hijos, todos los cuales,
naturalmente, están allí haciendo o bien los
últimos cursos del BUP o el COU.
Quedan, pues, despejadas las dudas que inquietan
a España. He dicho, y yo creo que he dicho algo...
--- No ha dicho usted si Beni trincó
o mangó en Cádiz...
--- Fue un artista. Dio el pregón
"sin trincá" pero no vea usted lo que mangó
en estancias de hotel, para él, para su Perla y para
su hermano Amós, en cenitas, en langostinitos, en
salpicona, en güisquicitos y en un vestuario nuevo
enterito que le hicieron, con un abrigo para que no pasara
frío dando el pregón en la plaza de la Catedral
y hasta con calzones blancos de estreno...