Introducción.-
El carnaval forma parte importante de la
historia de Cádiz, la cuidad donde nací y
en la que vivo. Desde pequeño, debido a la afición
de mi padre y abuelo materno a las coplas de coros, comparsas
y chirigotas, he vivido muchas de las experiencias posibles
de esta manifestación popular, cosa que mis familiares
no pudieron hacer por estar mal considerado socialmente,
ya que hasta hace unos 25 años los componentes de
las agrupaciones procedían de los estratos más
bajos de la sociedad gaditana.
Siempre he imaginado el carnaval como ejemplo
de lucha por la libertad o cuando menos la válvula
de escape para el oprimido, de las tensiones que generan
un año de opresión. El carnaval es una fiesta
cargada de rituales y símbolos, donde la estructura
social tiene un papel fundamental, esta manifestación
cultural, ha sido y continua siendo fuente de curiosidad
para los antropólogos.
En las distintas etapas
de la historia de la humanidad, siempre existieron fiestas
en las que babilonios, egipcios, griegos, romanos, cristianos,
musulmanes y otros muchos pueblos, subvertían el
orden establecido, invertían los roles tradicionales,
daban rienda suelta a sus apetitos alimenticios y sexuales,
y expresaban en voz alta opiniones que el resto del año
debían callar. Estas fiestas estaban siempre relacionadas
con la religión, en tanto se celebraban en honor
a algún Dios o se realizaban como desquites previos
a periodos de abstinencias que las religiones marcaban.
Cuando las festividades terminaban la gente volvía
a su realidad cotidiana, teóricamente arrepentidos
de los excesos cometidos, por lo que algunos antropólogos
continúan discutiendo si en realidad el carnaval
cubre una función de transformación o de conservación.
Las costumbres en este tipo de fiestas han
sido y son de lo más variopintas, haciendo un poco
de historia y refiriéndonos a los registros más
antiguos, nos tenemos que remontar 4000 años atrás
hasta la antigua Babilonia, en ella se veneraba a Marduk
Dios fundador de la ciudad y en el templo que lindaba con
los famosos jardines colgantes, al inicio de la primavera,
se celebraba su fiesta que duraba 5 días. Durante
las mismas los sirvientes daban ordenes a sus amos, se ridiculizaba
a la justicia permitiendo a un reo disfrutar de los privilegios
del rey y este a su vez era tratado como un siervo, hasta
que la tarde del 5 día el reo era ajusticiado, permitiendo
así expiar con él al pueblo y a su monarca
las culpas acumuladas ese año y reconciliarse con
el Dios.
Carnavales en la
Grecia y Roma antiguas.-
En la antigua Grecia las fiestas a Dionisos
eran famosas por sus celebraciones alegres y desenfrenadas,
en las que los excesos de vino y comida terminaban en auténticas
orgías sexuales. En estas fiestas participaba todo
el pueblo sin distinción de clases, concediéndose
a la clase productora dedicada a la poiesis, el don de la
palabra para discutir “la praxis”.
Muchas de estas fiestas debían su
aparición al ritmo del trabajo agrícola, como
las Saturnales romanas dedicadas al Dios Saturno. Parece
ser que se celebraban en torno al 17 de diciembre y duraban
7 días, coincidiendo con la finalización de
los trabajos del campo tras la siembra de invierno. Eran
frecuentes durante los festejos: que las gentes obsequiaran
velas de colores como regalos, los banquetes, permitir todo
lo prohibido, romper las barreras sociales entre amos y
esclavos, caricaturizar las leyes y a los cargos públicos,
y elegir a un rey entre los bufones que incitaba a todo
tipo de placeres y luego era ejecutado. En estas fiestas
los soldados solían vestirse de mujer y hablar en
falsete.
A mediados de febrero comenzaban otras
fiestas en honor del Dios Pan, símbolo del hambre
sexual irreprimible e insaciable, como es de suponer, los
rituales estaban llenos de furor sexual que presagiaba la
primavera, al Dios Pan (también Lupercus) se le representaba
con imagen mitad humana, mitad de macho cabrio y con el
tridente de Neptuno en la mano (como los cristianos después
representarían al diablo, figura muy utilizada en
carnavales como disfraz) . Después de estos excesos
llegaba la purificación, se confeccionaban unos látigos
con pelo de cabra, con los que dos niños, evocando
a Rómulo y Remo, azotaban a las personas para impregnarlas
de la potencia fecundadora de las cabras y purificar sus
cuerpos. Estas celebraciones eran disfrutadas igualmente
por los paganos y los primeros cristianos, hasta que con
el trascurso de los años las autoridades eclesiásticas
comenzaron a restringir dichas prácticas.
Hacia el año 270 dC, el emperador
romano Claudio II prohibió el matrimonio por razones
estratégicas (los jóvenes cristianos casados
no querían ir a la guerra), y el obispo Valentín
se opuso casando de forma clandestina a todos los cristianos
que lo desearan, por ello fue ajusticiado. Doscientos años
mas tarde este obispo fue proclamado por la iglesia patrón
de los enamorados, intentando contrarrestar con esta celebración
la fascinación de los jóvenes cristianos por
las Lupercales. También la celebración del
nacimiento de Jesucristo se hizo coincidir con las Saturnales
y de esta forma muchos elementos de las tradiciones paganas
se fueron fusionando a lo largo del tiempo con las cristianas.
El carnaval medieval.-
Con la dominación del ideal cristiano,
todo pasa por la relación entre el mundo terrenal
y lo supraterreno, todos somos iguales porque todos somos
hijos de Dios. Pero la salvación del alma requiere
de sacrificios, en esta época el prototipo del paradigma
religioso es el monje que vive en una comunidad monástica,
que mediante la ascética, bajo la protección
del monasterio y el aislamiento, queda libre de la barbarie
pecadora. En el esquema cristiano, la separación
del ámbito de realización de lo humano (alejarse
del origen terrenal, de la procreación, de la esfera
de la propiedad), lleva al individuo a la salvación,
lo terrenal es un obstáculo para tal fin. El carnaval
también forma parte de esta verticalidad del propósito
cristiano, el hombre se hace consciente de su vida de pecado
y abandona todo obstáculo mediante la purificación
de la cuaresma, para ponerse en disposición de recibir
a Jesucristo en la conmemoración de su pasión
y muerte.
Durante el carnaval, al inicio del siglo
XI y coincidiendo con la primera mitad del mes de febrero,
era común que los sacerdotes eligieran a un obispo
de los bufones, comieran y bebieran a su antojo, realizaran
una misa cantada con las caras tiznadas o con máscaras
ridículas, mientras los asistentes danzaban y coreaban
canciones burlescas, tras concluir la misa muchos bailaban
desnudos en el lugar sagrado y salían de allí
en viejas carretas lanzando agua y basura al pueblo que
los rodeaba. Muchos jerarcas eclesiásticos reprimían
en lo posible estas prácticas, pero otros veían
en ellas una válvula de escape para las gentes y
el clero, y aunque no la defendían, si las toleraban.
Los carnavales no solo fueron divertimentos
folclóricos, sino también se constituyeron
desde el comienzo de su historia, como hemos visto, en una
época propicia para la lucha por la libertad y con
ello, para la crítica política, así
a mediados del siglo XIV se hizo famoso, a consecuencia
de una revuelta gremial en Alemania, la mascarada del hombre
salvaje, que cantaba y contaba las verdades y críticas
más ácidas a sus gobernantes, esta tradición
se extendió a Italia, Francia y algunos lugares de
España, donde la representación de este ser
primitivo cubierto de pieles y musgo solía acompañarse
de un gran cencerro.
Renacimiento e
ilustración.-
Los desfiles del carnaval del renacimiento,
se caracterizaban por representar motivos antiguos como
el Dios Neptuno entronizado en un barco, Baco llevando encadenadas
a las bacantes y a Tántalo, Sísifo y Prometeo
sufriendo los tormentos del infierno, también los
banquetes y el vino eran protagonistas de la fiesta.
Con la ilustración, los cortesanos
y la nobleza prefirieron las escenas bucólicas representadas
por pastores, cazadores y jardineros, acompañados
por faunos y espíritus de la naturaleza. De esta
época en Venecia parece tener origen una práctica
habitual en el carnaval posterior, la de arrojarse agua.
Existía allí una costumbre la noche del martes
de carnaval, aquellos que lograban mantener encendida una
vela hasta el amanecer, atraían la buena suerte.
Los vecinos solían arrojar agua con jeringas o cubos
a los portadores de esas velas para apagarlas. De Italia
nos llega la palabra carne-vali, vale la carne, que da nombre
a las fiestas.
En la lucha por las libertades, que viaja
en muchos casos paralela a la historia del carnaval, las
disposiciones emanadas desde la iglesia u otros poderes,
es una larguísima relación de prohibiciones
y cortapisas, que trataron con mayor o menor resultado de
hacer desaparecer o cuanto menos controlar esta manifestación
popular. Ya que cuando el poder eclesiástico o sociopolítico
comprendía que no era posible terminar con algunas
costumbres, ha tendido siempre a reglamentarlas y al mismo
tiempo conducir al pueblo en dichas fiestas, hacia lugares
concretos para supervisarlo.
Carnaval antiguo,
carnaval moderno.-
Julio Caro Baroja, sin
duda uno de los más prestigiosos estudiosos del carnaval,
mantiene que el actual no tiene su origen en las fiestas
hasta ahora comentadas y que considerarlo así es
un tópico que repite gente no letrada. A pesar de
tener en cuenta sus palabras respecto a que la forma de
celebrar estas fechas no se corresponde exactamente con
Bacanales, Lupercales, Saturnales, mes de Phaljova en la
India, fiesta del falo en Egipto o la Axura Árabe,
que el autor también recoge en su estudio, no podemos
dejar de reconocer en costumbres concretas, bastantes de
las que pueden verse actualmente en muchos de los carnavales
de nuestras ciudades.
Lo que sin duda podemos afirmar es que
los actuales carnavales son herederos directos del cristianismo,
ya que sin la idea de cuaresma, no existiría en la
forma que ha existido desde fechas oscuras de la edad media
europea.
El carnaval como lo conocemos, se sitúa
en las jornadas previas a la cuaresma, y su principal significación
es que se autoriza la satisfacción de todos los apetitos
que la moral cristiana refrena acto seguido a partir del
miércoles de ceniza durante cuarenta días,
que conmemora el ayuno, abstinencia y periodo de reflexión
de Jesucristo en el desierto. Pero al dejar expansionarse
al pueblo en esos días, la moral cristiana reconoce
los derechos de la carne y con esto el carnaval encuentra
así, además de su significación religiosa,
una significación social, psicológica y equilibradora
en todos los aspectos.
Podríamos referirnos
al carnaval dentro del contexto de una situación
liminar, en la que el cristiano realiza una transición
anual a una nueva vida marcada por los mandamientos de su
religión. En una primera fase de separación,
el iniciado se prepara para la fase de marginalidad o limen
rompiendo con lo anterior, proyectando la fiesta, confeccionando
su máscara y disfraz, o aprendiendo y ensayando las
letrillas que luego cantarán. En el estadio de margen
o limen se coloca en una situación socialmente indefinida,
ambigua, en la que quedan suspendidos temporalmente los
atributos sociales e incluso morales del individuo, “rompiendo
la fuerza de la costumbre y abriendo paso a la especulación”,
una brecha que se abre en el seno de la estructura y que
en este, como en la mayoría de los casos, adopta
la forma de comunitas. En el carnaval se produce una interrupción
temporal de la estabilidad que a la larga, asegurará
el mantenimiento de la estructura, produciéndose
lo que para Turner es el proceso dialéctico entre
la comunitas y esta. En la última fase de reincorporación,
simbolizada por el ritual del miércoles de ceniza,
el iniciado es purificado y se reintegra a la sociedad normal
asumiendo un compromiso con la colectividad, con un conocimiento
realzado de las cosas.
El carnaval en
España.-
Las carnestolendas se celebraban en casi
todos los pueblos de España, teniendo en cada uno
de ellos su singularidad. Todo ello a pesar de que ya en
1523 Carlos I, prohibió el mismo, aunque al parecer
no tuvo mucho éxito.
Deleito Peñuela
en el siglo XVII, cita los días de carnaval como
una fiesta del pueblo, en la que predominan las mascaras
y los disfraces, así como juegos del tipo de manteamientos,
persecuciones y otros más agresivos como tirar barro,
agua o huevos.
El carnaval de Cádiz.-
El carnaval de Cádiz entre tanto,
fue tomando formas distintas probablemente por influencias
del carnaval Veneciano y Genovés, ya que buscando
un lugar bien comunicado con África se afincaron
sus comerciantes en nuestra ciudad, por ello hoy podemos
escuchar apellidos que nos parecen tan gaditanos como los
de Paoli, Bianchi, Soprani o Rossety.
La ciudad gaditana obtuvo
en el siglo XVIII el monopolio del comercio con América,
llegando a unos niveles de riqueza y de lujo que sorprendían
a cualquier visitante y que se tradujo en unos carnavales
tan lujosos como los de Venecia, Roma o Niza. Antifaces,
caretas (mascaras), vistosos disfraces, jeringas de agua,
caramelos arrojadizos (confites), son elementos que Cádiz
asimiló del carnaval italiano.
El comercio con América
nos trajo también los ritmos propios del Caribe que
actualmente se conservan en nuestro folclore, como los tanguillos
(proveniente de la habanera) que entonan nuestros coros
en carnaval o algunos cantes flamencos como tangos, colombianas,
etc. Muchos de estos ritmos al parecer, fueron cantados
en Cádiz por comparsas de negros traídos como
esclavos, aun se conserva en la ciudad una calle llamada
“Callejón de los negros”, lindando con
el lugar cercano al puerto comercial, donde estuvieron las
mazmorras en las que eran arrojados, mejor dicho que alojados,
al desembarcar.
Un elemento fundamental del carnaval de
Cádiz es el disfraz (denominado actualmente, cuando
nos referimos a las agrupaciones, como “tipo”),
con él, junto a la máscara, se rompe el orden
social, se enfrentan las clases y se propicia el comer,
beber, ironizar, criticar y satirizar a la sociedad y la
autoridad. Como en la antigua Roma, en carnaval nuestra
identidad cambia por deseo propio, durante unas horas o
unos días somos otra cosa. Los bailes de disfraces
eran el eje social de las fiestas en el siglo XVIII y para
prevenir el riesgo de desórdenes que propiciaban
las máscaras, fueron tremendamente normatizados con
prohibiciones que iban desde el motivo del disfraz (no eclesiásticos,
no hombres disfrazados de mujeres, no máscaras indecorosas),
hasta limitar las alusiones y críticas que se hacían
en los cánticos de las agrupaciones. A estos bailes
de las clases pudientes, se simultaneaban las celebraciones
de las gentes más humildes, fandangos, bailes de
los gitanos como el Manguindoy (calificados por los más
recatados como indecentísimo), arrojarse agua y saquillos
(bolsas de tela que contenían arena), sacudirse con
plumeros de papel y escuchar a cuadrillas denominadas comparsas,
que disfrazados cantaban y bailaban por las calles.
1. El siglo XIX.-
Pese a la oposición de determinados
grupos sociales y gobernantes, el carnaval se adentró
en el siglo XIX, recibiendo los movimientos de restricción
y libertad propios del gobierno de Fernando VII. Destacaron
tras la muerte del rey, los grupos o cuadrillas que se reunían
previamente para preparar sus intervenciones, que se componían
de parodias, cantos y bailes. En la organización
de estas comparsas participaron algunas instituciones como
el hospicio y sobre todo gremios. Entre estas agrupaciones
también había coros, como el llamado “coro
patriótico”, con letras alusivas a la guerra
de África que repartían escritas a la gente
que escuchaba. Debemos decir que a medida que el carnaval
ganaba en libertad y popularidad, las clases pudientes se
fueron apartando de él, arreciando las críticas
y llegando incluso a no ser reconocidas las fiestas en los
programas del ayuntamiento, a pesar de la participación
masiva de los gaditanos que seguían recorriendo las
calles cantando y bailando, calentando cuerpos y espíritus
con grandes cantidades de vino. Un ejemplo de esta separación
progresiva de las clases pudientes, son los artículos
de Flores Arenas en el periódico “La Moda”,
que a partir del carnaval de 1861 se hacen especialmente
ácidos y clasistas:
<< El Carnaval, en efecto, ha estado
este año sublime, ha estado a toda la altura de su
bestialidad....>>. << En la Plaza de San Antonio,
enjambres de chiquillos descamisados, de polluelos atrevidos
y de mozuelas desenfrenadas sacuden el rostro de la persona
más decente y grave con plumeros de papel, le arrojan
polvos y agua, le toman la cara con sus sucios y apestosos
dedos. Aquellas nauseabundas manos todo lo osan, todo lo
profanan. Ese es el carnaval, que después de haber
removido todas las inmundicias de la sociedad, las arroja
por las calles y plazas. Mientras eso ocurre en la calle,
el baile del teatro principal se encuentra concurrido y
decoroso, el buen gusto y la buena música ahogan
el tumulto y el griterío del exterior.>>
En el último tercio del siglo XIX,
se municipaliza el carnaval para ponerle control, es en
este momento cuando las murgas y los coros comienzan a tener
un protagonismo enorme, configurándose como auténtico
eje del carnaval gaditano, por ello intentan ser controladas
por Eduardo Genovés desde el ayuntamiento en 1884,
dando licencia únicamente a 18 agrupaciones para
recorrer las calles y plazas. Sin embargo, la agrupación
carnavalesca de la que tomamos referencia como pionera del
actual estilo carnavalesco gaditano “las viejas ricas”,
que de forma reiterada aparece en la prensa y guías
de ese mismo año, no reza en el listado de licencias
que otorgó el consistorio, lo que nos hace pensar
que muchas agrupaciones a pesar de no obtener autorización,
o ni tan siquiera solicitarla, recorrieron las calles de
la ciudad. De este coro, que alcanzó gran renombre,
nos han llegado sus letrillas y músicas hasta nuestros
días:
Adiós Cádiz
de mi alma / Adiós población bonita / Adiós
tacita de plata / Capital desgraciadita / Te ofrecen un
puerto franco / no te lo pueden dar / Se quema el gran teatro
/ no se vuelve a levantar / Todos son ofrecimientos / esperanzas
nada más.
2. El carnaval
del siglo XX.-
A principios del siglo
XX, con el alcalde Cayetano del Toro, la organización
del carnaval se reforzó, adornándose la ciudad
con fantásticas iluminaciones y exornos extraordinarios
en los que destacó la obra de Antonio Accame, se
potenciaron también desde el ayuntamiento los bailes
de máscaras, las cabalgatas, los concursos de disfraces
y de agrupaciones, fiestas infantiles y actuaciones callejeras.
En el año 1937 el general Franco
prohibió la celebración de los carnavales
en toda España, con lo que la expresividad y libertad
popular sufrió un duro golpe, las fiestas típicas
gaditanas, un carnaval descafeinado, se siguieron celebrando
en febrero hasta 1967, que como último golpe de gracia,
pasaron a celebrarse en mayo. Estas fiestas mantuvieron
vivo el espíritu de las agrupaciones y se continuó
su concurso, pero rompieron su esencia libertaria, el ritmo
estacional que caracterizara al carnaval desde sus precedentes
babilonios, griegos o romanos, y su relación con
lo religioso. La libertad de expresión en las letrillas
también sufrió un duro revés, pero
ello agudizó el sentido del gaditano que pudo sortear,
no sin gran esfuerzo, el lápiz de los censores. Fruto
de esta época de represión de las libertades
populares son los dobles repertorios, uno con toda la carga
crítica y satírica, que se cantaba en lugares
escogidos y otro pasado por los censores que era el oficial.
También las letras que sin decir nada alusivo directamente
a lo sexual o a la política, lo decían indirectamente
todo, como esta de “los cristaleros” que milagrosamente
eludió la censura:
Una tarde que yo estaba
trabajando / en un chapú que me salió en una
montera / cuando de pronto yo escuche un ruido extraño
/ de una criada que subía la escalera / muy buenas
tardes, me dijo la joven / sin que interrumpa usted su trabajo
/ voy a pedirle un poquito de masilla / para una raja que
tengo abajo. / Yo le contesté al momento / en seguida
bajo al piso / y me llevaré el cacharro / para hacerle
lo que usted me ha dicho / cuando estaba trabajando / la
masilla se me endureció / y yo le dije verla meneando
/ y ella entusiasmada tanto la movió / que chorreaba
el aceite linaza / y hasta los cristales llegó el
salpicón.
Los bailes de disfraces continuaron celebrándose
en el Casino Gaditano y posteriormente también en
el Gran Teatro Falla. En la calle se podían ver agrupaciones
que con suerte te cantaban el repertorio no pasado por el
censor. Las cabalgatas oficiales, menos peligrosas políticamente,
apoyadas por el ayuntamiento se hicieron más grandes
y vistosas, en estas se repetían las batallas de
serpentinas, papelillos y bolas de nieve, que a falta de
los saquillos de arena típicos de antaño,
ejercían la misma función rellenos de papelillos
blancos. Paralelamente y en comienzo fuera del control oficial,
deambulaba por las calles una cabalgata singular que luego
se denominó cabalgata del humor, donde podían
verse elementos del carnaval antiguo, como algún
disfraz anticlerical o el monigote del político de
moda, poco después también se oficializó.
3. El carnaval
actual.-
En el año 1977, los carnavales retornan
a sus primitivas fechas, haciéndolos coincidir nuevamente
con los días previos al miércoles de ceniza.
Con la llegada de la democracia retorna también la
esencia del carnaval, la trasgresión, la lucha por
la libertad y la crítica al poder establecido vuelven
a las calles, y ya sin cortapisas roto el lápiz de
los censores, a las letras de sus agrupaciones, que son
repartidas entre los asistentes a cambio de una módica
cantidad de dinero.
Este mismo año 1977, se produce un
fenómeno curioso en el carnaval gaditano, como decíamos,
al alcanzar las fiestas gran popularidad, finalizando el
siglo XIX, las clases sociales más influyentes de
la capital fueron apartándose del mismo y progresivamente
respecto a participar como integrantes en las agrupaciones,
la clase media hizo lo mismo. Como decían las abuelas,
“niño, eso del carnaval esta bien para verlo,
pero ser chirigotero está mal visto”. Debemos
entender de la época, que corriendo la última
dictadura, fueran las gentes menos pudientes las que por
reivindicar su situación y de camino ganarse unas
pesetas con sus interpretaciones, participaran en las agrupaciones,
que por otra parte, si en sus letras hacían críticas
ácidas o ingeniosos chistes aludiendo a temas sexuales,
eran más solicitadas pero también acababan
más fácilmente con sus huesos en la prevención
(celdas de la comisaría de policía). Con el
retorno de las libertades a la fiesta marcado por la democracia,
se produce también la vuelta de la totalidad del
pueblo gaditano al carnaval y sus agrupaciones, este nuevo
punto de inflexión lo marcó el coro “Los
dedócratas”, que entre sus integrantes reunían
de nuevo a lo más variopinto de la juventud gaditana,
bajo la dirección de un profesor de música,
el maestro Escobar.
Con el retorno del carnaval a febrero, vuelve
la tradicional esencia de la fiesta, el espíritu
transgresor toma un nuevo rumbo con nuevas formas de expresar
las inquietudes del gaditano, las chirigotas ilegales también
denominadas familiares o callejeras, fuera de toda atadura
relacionada con el reglamento del concurso oficial de agrupaciones
del ayuntamiento, dan una bocanada de aire fresco al carnaval
(curiosamente estas agrupaciones son las más parecidas
en su estilo a las de los siglos XVIII y XIX), posteriormente
muchas de las llamadas oficiales, buscan también
la escapada a las normas del concurso.
El poder económico, militar, gubernamental
y posteriormente el religioso con agrupaciones como las
chirigotas “los cegatos con botas(1983)” o “los
tontos de capirote(1986)”, son criticados sin piedad
en las coplas, este último tema fue el más
tardío en ser objeto de sátiras en las letras,
probablemente porque es posible que sea la semana santa,
el único acontecimiento que levanta tantas pasiones
como el carnaval en Cádiz. Una de las coplas de este
último grupo, que representaba el frontal de una
procesión de semana santa, con alcalde, militares
de alta graduación, mujer de mantilla, romanos, obispo
y penitentes, todos portando una varilla con el símbolo
del dólar, es la siguiente:
La General Motors, la Nestle y la Kodak
/ multinacionales como la Coca Cola/ son firmas poderosas
que te absorben como tampones / date cuenta la fuerza que
ya hasta anuncian los condones / pero la más grande
lo digo claro / que nació en un pesebre con pastores
y romanos / y ahora tienen montao un peaso negocio en el
Vaticano.
Estribillo: Maaaamen.....
si nos gustan las navidades / somos tontos de nacimiento
/ y tontos de capirote si por abril nos gusta el incienso.
Este mismo grupo, se presentó al
año siguiente con la chirigota “la dictadura
postiza(1987)”, caricaturizando a todos los dictadores
de la historia y atacando ferozmente a las estructuras militares
y políticas, una buena muestra de ello es el siguiente
pasodoble:
Con su traje de chaqueta
cruzada, camisa inmaculada, burócrata masivo / luce
una imagen cínica y cuidada, con barba recortada
de falso subversivo / ostenta ahora un puesto respetable,
impregnado de fragancia burguesa / como el lujo del despacho
donde marca, con foto del monarca, el rumbo de la empresa.
/ Titular de silloncito, con tu puño y rosa, te has
pringao de mierda / que a pesar del logotipo tu ideal reposa
lejos de la izquierda / como mimas la camada, colocando
al camarada / la partida de las urnas, con discurso vano
ganas por derecho / más hay una partida que nunca
tendrás en tus manos, la de nacimiento.
Como además de fechas de trasgresión,
las coplas de las agrupaciones son, en muchas ocasiones,
la única forma que el gaditano encuentra de expresar
sus sentimientos sobre lo que considera realmente importante,
algunas agrupaciones ofrecen el contrapunto a las coplillas
anteriores, como la comparsa “Cargadores gaditanos(1986)”
que coincidió en la final del concurso del Gran Teatro
Falla, justo detrás en orden de actuación,
a los “Tontos de Capirote” y cantaba:
No puede acabarse, por
ningún motivo/ nuestras tradiciones en semana santa
/ no puede acabarse, no tiene sentido / lo que siempre ha
sido su más bella estampa. / El cargador gaditano
nunca ha tenido rival / con ese ritmo gitano, con que va
llevando el paso muy lento en su caminar / nadie lo puede
igualar./ Con el paso sobre ruedas perderá toda armonía
/ y no podrán escucharse las voces del capataz: /
los de adelante a la derecha, los de atrás a la izquierda
poquito a poquito / mientras las calles se cierran y entra
el paso muy justito.
Durante el último tercio del siglo
XX, debemos decir que, además de obtener en los días
de carnaval el don de la praxis, como ocurría en
la antigua Grecia, se produce incluso, dada la calidad de
su discurso, que algunos elementos surgidos de la clase
productora (poiesis), reciban de la polis el reconocimiento
para expresarse libremente en cualquier época del
año. Iniciado ya el siglo XXI tenemos al menos cuatro
políticos surgidos del carnaval.
En los últimos años el concurso
ha rebasado ampliamente las ciento cuarenta agrupaciones,
que llegan desde muchos lugares de España: Barcelona,
Córdoba, Madrid, Almería, Huelva, Málaga
o Sevilla son algunos de ellos. El número de callejeras
puede igualar e incluso superar a las que se presentan al
concurso, pero es imposible de calcular. Los visitantes
durante las fiestas cuadruplican la población de
la ciudad. La televisión retransmite íntegramente
el concurso de agrupaciones para toda Andalucía y
alguna otra comunidad autónoma. Las letras se van
refinando y ganando en ingenio año tras año,
un ejemplo de esto es el pasodoble de “los Yesterdays”
dedicado a Andalucía el pasado carnaval:
Como dijo Blas Infante,
“andaluces levantaos” / perdón que no
me levante, porque estoy mejor sentao, / bueno me voy a
poner de pié, me voy a dejar de tontería /
anda una dos y tres, que bonita Andalucía / venga
a ponernos serios, que vamos a cantar el imno / los andaluces
queremos, volver a ser lo que fuimos / lo que fuimos antiguamente,
pobrecitos y vasallos / siervos de terratenientes y de chulos
a caballo./ Si este pueblo se disparata, con la boda de
un matavacas y la niña de una duquesa / si este pueblo
se me arrodilla, ante una espada y una mantilla, este pueblo
me da vergüenza / ya esta bien lo de verdes mares,
de campiñas y de olivares, que así luego nos
luce el pelo / castas, después te ponen la serie
de Emilio Aragón, pim, pom, con sus castas / y aparece
en el más ínfimo escalón, de su estrecha
jerarquía / el servilismo mamón, de la marmota
de Andalucía.
Así una tras otra, chirigotas: las
más ácidas en sus críticas, con tipos
extravagantes y gracia a raudales en sus culpes; comparsas:
más serias, armoniosas y piropeadoras; coros: más
musical, orquestal y con ritmos más característicos,
participan por las calles en sus carrozas; cuartetos: tres,
cuatro o cinco componentes que parodian situaciones ridículas
con gran carga humorística y crítica; romanceros
que recitan sus poemas acompañados de un cartel alusivo;
ilegales o callejeras que hacen lo que quieren y los gaditanos
con sus disfraces y chascarrillos, configuran el carnaval
de Cádiz, copiado en gran parte de Andalucía,
exportado a países como Uruguay y Venezuela, de interés
turístico internacional y uno de los históricamente
más famosos de España.