|
TÉCNICA DE OBSERVACIÓN
PARTICIPANTE
1.- INTRODUCCIÓN.
La observación participante se caracteriza por la existencia
de un conocimiento previo entre observador y observado y una
permisividad en el intercambio, lo cual da lugar a una iniciativa
por parte de cada uno de ellos en su interrelación con el
otro. El observado puede dirigirse al observador, y el observador
al observado en una posición de mayor cercanía psicológica
pero con un nivel de participación bajo o nulo[1]. El objetivo
fundamental de la técnica de observación participante es la
descripción de grupos sociales y escenas culturales mediante
la vivencia de las experiencias de las personas implicadas
en un grupo o institución, con el fin de captar cómo definen
su propia realidad y los constructos que organizan su mundo.
Así, la observación directa de eventos relevantes ha de realizarse
durante la interacción social en el escenario con los sujetos
del estudio, unida a entrevistas formales e informales, registros
sistemáticos, recogida de documentos y materiales, de forma
flexible según la dirección que tome el estudio[2]. La observación
participante permite describir la realidad social, las percepciones
y vivencias de las personas implicadas y el significado de
sus acciones, por lo que pensamos que es apropiada para la
realización de nuestra investigación. La observación la realizamos
en la ciudad de Cádiz, durante los días de carnaval del año
2001.
2.- DESARROLLO.
2.1.- Definición del problema.
Opinión de los gaditanos sobre el empleo de los símbolos religiosos
en el carnaval.
2.2.- Escenario de la observación.
El carnaval gaditano tiene algunas peculiaridades que pueden
resultar fundamentales a la hora de realizar esta técnica.
El conocimiento de los lugares más transitados por las agrupaciones,
el día y la hora idóneos, la secuenciación del ritual, como
se mueve la población de Cádiz para escuchar sus agrupaciones
en días donde la población visitante es seis veces la propia,
resulta imprescindible. Cádiz es una capital situada al sur
de la península Ibérica, con un clima excelente (temperaturas
todo el año entre 15 y 25 grados), su población es de 154.000
habitantes. Se encuentra dividida por las “Puertas de Tierra”
(muralla que rodea al casco histórico), en dos zonas bien
diferenciadas, que podríamos denominar ciudad antigua y nueva.
Esto tiene gran importancia para nuestra observación, ya que
en el casco antiguo es el escenario donde se desarrolla exclusivamente
el carnaval en la calle. Las fechas del carnaval se sitúan
como en el resto de España en torno al miércoles de ceniza,
pero existen varias particularidades: - El concurso oficial
de agrupaciones, con el que ya el gaditano comienza a vivir
una parte importante del carnaval, se inicia con el sábado
de pestiñada unos 30 días antes del miércoles de ceniza. Con
este pistoletazo de salida gran parte del pueblo de Cádiz
y muchos aficionados de toda Andalucía comienzan noche tras
noche a escuchar por la radio o en el propio teatro (el privilegiado
que puede conseguir y pagar una entrada), a unas 125 agrupaciones
integradas por unas 1800 personas. Por poner un ejemplo del
impacto social de este evento en Cádiz, se está estudiando
seriamente sus consecuencias en el ámbito de rendimiento laboral
y escolar, sobre todo por la duración excesiva del concurso
en época de exámenes. - El carnaval oficial, no concluye el
miércoles de ceniza, sino que se prolonga hasta el siguiente
domingo, denominado “domingo de piñata”, con lo cual se desarrolla
en las calles de Cádiz durante 10 días. No podemos olvidar
que en las calles podremos ver, además de las agrupaciones
que actúan en el concurso oficial, a las denominadas callejeras
o familiares, cuyo número es incalculable por la total anarquía
que existe en sus componentes, sus letras, sus músicas, pero
que al menos igualan a las que actúan en el teatro. - Desde
1984, los más “jartibles”, el domingo siguiente al de piñata,
llenan los aledaños del mercado de abastos, plaza de Las Flores
y algunas calles del barrio de La Viña, en lo que se ha dado
en llamar el “Carnaval chiquito”, desde que un conocido autor
“El Gómez” dijera que si había Corpus chiquito (celebración
posterior al Corpus), porque no podía haber carnaval chiquito.
2.2.1.- Espacio físico.
Los lugares idóneos para poder observar las agrupaciones carnavalescas
y la reacciones del público ante sus letrillas y disfraces,
son el barrio de La Viña (sobre todo la pequeña plaza del
“corralón de los carros”) y los aledaños del mercado de abastos,
más concretamente en el laberinto de calles que rodea a este
mercado, ya que el círculo alrededor de este, es terreno exclusivo
de los coros que van en carrozas. Las agrupaciones paran en
algún pequeño rincón, actúan y cambian después a otro lugar
de la misma plaza o de alguna calle cercana, por lo que para
realizar una observación más profunda debemos seguirlas durante
al menos tres paradas. Los rincones seleccionados para actuar
no suelen ser fruto de la casualidad, tienen en cuenta la
sonoridad del lugar, si existe o no suficiente público congregado,
si tienen cerca algún lugar donde abastecerse de vino o algunos
escalones para hacerse escuchar mejor.
2.2.2.- Espacio temporal.
Nuestra observación pretende analizar a las agrupaciones que
actúan en la calle con disfraces y repertorios alusivos a
símbolos religiosos (integradas por gaditanos) y las reacciones
del aficionado local, por lo que los días más propicios serán
aquellos donde la ciudad recibe menos visitantes, es decir
el lunes de carnaval que es fiesta local, el segundo sábado
y el domingo de piñata (día en el que se despide el carnaval
oficial). El lunes de carnaval y el domingo de piñata entre
las 14,00 y las 18,00 horas es el momento donde se congregan
más agrupaciones en los lugares comentados, el sábado suelen
hacerlo de las 23,00 horas hasta que el cuerpo aguante.
2.2.3.- Sujetos de estudio.
Integrantes de las agrupaciones callejeras (exclusivamente
creadas para actuar en la calle, con poco o mucho ensayo a
sus espaldas, integradas por familias enteras incluyendo niños
en muchas ocasiones, pueden llevar repertorio cantado o simplemente
una escenificación alusiva a una cuestión de interés social)
y oficiales (tras el concurso oficial recorren las calles
durante los días de carnaval, más elaboradas y ensayadas,
con repertorios más extensos). La población gaditana en general
que acude a escuchar los repertorios de las agrupaciones que
actúan en la calle desinteresadamente.
2.2.4.- Criterios de selección.
Nos centraremos exclusivamente en aquellas agrupaciones cuyos
disfraces o repertorios posean elementos alusivos a la religión.
2.2.5.- Objetivo de la observación. Recolectar datos sobre
las reacciones del público y los propios integrantes de las
agrupaciones ante el ritual que los últimos realizan antes,
durante y después de cada actuación. 2.3.- Acceso al escenario.
Nos situamos en la plaza del “Corralón de los carros” el segundo
viernes de carnaval, aproximadamente a las 23,00 horas ya
se congregaba una gran cantidad de aficionados, las agrupaciones
fueron apareciendo hasta totalizar unas 18 a las 01,30 horas.
Tres de las agrupaciones presentaban disfraces y repertorios
alusivos a la religión. Nos presentamos al personaje que parecía
el responsable de cada una de las tres agrupaciones en las
que centramos la observación, explicamos cuales eran nuestros
objetivos y les pedimos permiso para obtener unas imágenes
en vídeo, a lo que nos preguntaron si éramos extraterrestres,
ya que en el carnaval que se desarrolla en la calle, todo
el mundo recoge en audio o vídeo lo que quiere sin preguntar.
2.4.- Estancia en el escenario.
Tras el primer contacto formal, en el que adoptamos un rol
externo actuando como investigadores, cosa que por otra parte
a los integrantes de la agrupación les daba igual, nos propusimos
participar del ritual como si fuéramos parte de los espectadores,
que establecen un feed-back bastante curioso con los actuantes,
les pedimos un libreto (cuadernillo fotocopiado con las letras,
que reparten a cambio de la cantidad de dinero que cada uno
quiera darles) y nos dispusimos a pasar un buen rato (sin
olvidar nuestro objetivo allí) como cualquier otro aficionado.
2.4.1.- Espacio físico.
Seguimos a cada una de las tres agrupaciones en sus recorridos
por tres espacios distintos, todos reunían las características
de sonoridad, bar cercano, público, etc, que comentábamos
anteriormente. El primero era una gran casapuerta (entrada
de una casa antigua de Cádiz de grandes dimensiones, con una
gran puerta y escalón a la entrada), situada en el centro
de la calle, con espacio suficiente y buena sonoridad, en
este lugar con cada una de las agrupaciones se congregaban
unas 70 personas. El segundo era el portalón de un garaje,
alejado unos 20 metros del anterior, 70 a 80 personas. El
tercero la escalinata de un colegio cercano, desde donde dominaban
un mayor espacio y sus voces llegaban a una mayor distancia,
aproximadamente 100 personas. Debemos recordar que el ruido
fuera del círculo formado por actuantes y aficionados, era
increíble, ya que el resto de las agrupaciones actúan en zonas
cercanas y existen varios kioscos de bocadillos y patatas
fritas que anuncian sus productos por altavoces.
2.4.2.- Personas y acontecimientos. Los integrantes de las
agrupaciones son de lo más variado respecto a su extracción
social, las agrupaciones callejeras suelen agruparse por familias,
grupos de amigos o gremios, sin distinción de sexo ni edad.
Sin embargo los integrantes de las agrupaciones que actúan
en el concurso oficial, son seleccionados por sus voces, son
fundamentalmente hombres y en edades comprendidas entre los
20 y 50 años. Las personas congregadas en torno a las callejeras
también son de lo más variopintas, unidas por su afición,
participan del ritual ofreciendo vino a los actuantes, adquiriendo
sus letrillas, comentando estas tras ser interpretadas, coreando
los estribillos, recibiendo y gastando bromas a los integrantes
de las agrupaciones.
2.4.3.- Organización y ambiente social.
Dentro de la aparente anarquía existente, el ritual se encuentra
perfectamente organizado, como hemos comentado la agrupación
elige el lugar donde va a actuar, espera a que quede vacío
de otras agrupaciones, se colocan de forma que pueda escuchárseles
aceptablemente, esperan a que el público acuda mientras beben
unos sorbos de vino, esperan a que la agrupación cercana termine
su letrilla y comienzan la actuación con una presentación
cantada, descansan entre letrilla y letrilla bebiendo y bromeando
con los aficionados, repiten varias veces el estribillo para
que los asistentes lo aprendan y coreen con ellos, evalúan
la reacción del público y cantan el tipo de letras que más
aceptación perecen tener (más picantes o menos, más críticas
o menos), cada dos o tres canciones ofrecen los repertorios
en los libretos e inclusos las agrupaciones más famosas año
tras año, la cinta o el CD. Cuando terminan con el repertorio
y siempre que el público se lo pida, realizan algunas repeticiones
o comienzan a cantar el repertorio de años anteriores. Antes
de marchar, lo advierten al público y se despiden con algún
pasacalles o con el estribillo, recogen el material (instrumentos,
carritos de la compra donde llevan el vino y los bocadillos,
etc.) y se mueven unos metros hasta otro lugar repitiendo
nuevamente el proceso.
2.4.4.- Actividades y comportamiento de los participantes.
Las agrupaciones observadas fueron tres, dos chirigotas callejeras
y un romancero:
- La primera chirigota “Cai no tiene cura”, vestía con el
traje de calle de los sacerdotes, gris oscuro y camisa gris
algo más claro con alzacuello, todos portaban una cruz enorme
al cuello y un misal donde tenían escritas las letras, solo
llevaban una guitarra y confesaban haber ensayado dos semanas.
Respecto al repertorio, bastante bien cantado y con gran dosis
de humor, estaba casi íntegramente dirigido a las actividades
de los curas (chistes sobre su celibato o sobre la intromisión
de la iglesia en la política) y críticas bastante ácidas hacia
la jerarquía eclesiástica (la curia vaticana y el papa). En
general fueron muy aplaudidos y la gente se divirtió enormemente
con ellos, gastaron muchas bromas que la gente aceptó de buen
grado. Pudimos ver como al comienzo de la actuación en una
de las paradas, una pareja de unos 55 años, se acercaron y
rápidamente se alejaron, al ser preguntados por su actitud,
respondieron, que la indumentaria no les gustaba y las letras,
que imaginaban irían en consonancia, les desagradarían.
- La segunda “Acólitos anónimos”, vestían como los acólitos
que portan faroles e incensarios en las procesiones de semana
santa (aludiendo a una escuela de acólitos recientemente creada
en Cádiz por el obispo), cantaban con dos guitarras, caja
(tambor) y bombo. Su repertorio bien cantado, trataba sobre
todo de las contradicciones de la semana santa y hacia algunos
chistes muy ocurrentes sobre los cargadores, los pasos (tronos),
la santa cena y la gente que va de penitencia cargados de
cadenas. Fueron muy bien aceptados por la gente que coreaba
su estribillo sin cesar, las reacciones eran de atención,
para entender bien la letra, y de auténticas carcajadas al
finalizar, nadie pareció molestarse en ninguna de las paradas.
Tuvimos ocasión de preguntar a alguno de los integrantes si
en los días que llevaban actuando, habían tenido alguna reacción
adversa, nos dijeron que solo una protagonizada por un conocido
capataz de procesiones de semana santa que intento quitarles
de malas maneras uno de los incensarios, gritando que eran
unos herejes e insultándolos. Debido a esto nos prometieron
cambiar el tipo (disfraz), que ya tenían pensado para el año
próximo, por otro alusivo de nuevo a la semana santa.
- El tercero y último fue un romancero. Esta modalidad del
carnaval de Cádiz, se caracteriza por tener un solo componente,
su repertorio esta escrito en verso y suelen llevar un cartel
con dibujos alusivo al tema que se recita. Llevaba por título
“Moisés y sus mandamientos”, vestía como el Moisés que aparece
en la película “Los diez mandamientos” y portaba las tablas
de la ley con números romanos. El repertorio relataba las
andanzas de Moisés y las particularidades de los diez mandamientos.
Impecable en rima y en gracia, el doble mensaje de cada una
de las estrofas nos hacía a todos estar con los cinco sentidos
en el relato. La reacción del público, a pesar del tema tratado,
fue con diferencia la mejor de todas en relación a aplausos
y risas, no existió en ningún momento ninguna reacción adversa
al autor ni a su actuación.
2.4.5. - Reacción ante la observación.
Hemos compartido durante esta noche de carnaval, el ritual
que se repite año tras año en la capital gaditana oficiado
por sus agrupaciones y los aficionados que no solo las escuchan,
sino que participan activamente con ellas en sus actuaciones.
Hemos visto como los actuantes se divertían, nos hemos sorprendido
de sus capacidades, de su ingenio y de su mordacidad, también
hemos participado de un ambiente relajado y de la diversión
de los aficionados. En ningún momento ha parecido que nuestra
presencia allí, influenciara ni a los actuantes ni al público
congregado.
3. - VALORACIÓN DEL PROCESO.
Previamente, pensamos que no existiría ninguna circunstancia
que obstaculizara la observación, por el propio espíritu que
guía al gaditano cuando participa del carnaval, ya sea como
integrante de agrupación o como aficionado. Conocedores del
carnaval gaditano y de las formas que este adopta, no presentó
problemas la localización de los escenarios y la observación
del ritual desde una posición respecto a los actuantes más
avanzada o atrasada según nos interesara. Algunas reacciones
nos resultaron curiosas y como hemos comentado, preguntamos
directamente a los protagonistas la razón. Vimos que en determinados
momentos nos interesaba una observación más descriptiva (ambiente
general, reacción del público) y en otros convenía una más
detallada (reacción de determinadas personas, movimientos
al cantar de algún componente de la agrupación).
|