Durante el carnaval
de 1998, nuevamente se reactiva la polémica carnaval
/ religión por las alusiones a símbolos religiosos
de algunas agrupaciones que concursaron en el Gran Teatro
Falla.
El pasado martes cenando con unos amigos, durante la sobremesa,
pasamos revista a los sucesos del pasado carnaval. Inevitablemente
comentamos la polémica servida por Libi con su alusión
a los Sevillanos y su "Gran Poder", la cantidad
de agrupaciones que concursaron o que no lo hicieron, disfrazadas
con tipos alusivos al clero, y las letras, la mayoría
de las veces enormemente ingeniosas, referentes a la religión.
Resumiendo, discutimos un rato sobre si procedían
estos temas en el carnaval o no. En estas ocasiones donde
la tradición se mezcla con la innovación propia
de lo contemporáneo, me gusta intentar viajar al
pasado para desde allí analizar el presente.
Imagino que como el día y la noche, el exceso y
la abstinencia, el desenfreno y el recato, el antagonismo
entre el carnaval y la cuaresma seria vivido por nuestros
antepasados, sobre todo devotos cristianos, con auténtica
pasión. Muy posiblemente se cometieran excesos mucho
mayores de los que se cometen hoy día, no solo con
los disfraces, el juego erótico, la bebida o la pitanza,
sino en la mofa y escarnio de los opresores, ya sea el político
de turno o la iglesia, que en pocas jornadas los tendría
abstinentes durante cuarenta días de todo placer
que no fuera puramente espiritual.
En la actualidad, como ni la cuaresma es el periodo de
prohibiciones que en el pasado fue, ni el devoto, es devoto
la mayoría de las veces, mas que cuando se pone el
capirote o carga por la calle con unas figuras esculpidas
que representan un hecho histórico de la religión
que no suelen practicar, es posible entender que se vea
excesivo que D. Carnal insulte a Dña. Cuaresma, y
esta como en el libro del Arcipreste de Hita, lo ejecute
simbólicamente el miércoles de ceniza por
glotón, vituperador, lascivo y borracho.
Analizando lo escrito por eruditos en este asunto, en el
pasado no hubiera podido existir abstinencia sin exceso
previo, y evidentemente el carnaval se inventó, o
mas bien parece que se reinventó por los cristianos,
para ello. Hoy día según mi parecer, ambos
periodos: carnaval y semana santa con sus prolegómenos,
ya no son tan antagónicos, los dos son manifestaciones
folclóricas de un pueblo que ni en un sentido ni
en otro está para muchos excesos. No nos engañemos,
tomémoslo así y disfrutemos de los dos sin
tanta mojigateria.
Nota: Por cierto, espero que próximamente permita
Diario de Cádiz escribir desde el infierno a D. Carnal
en Semana Santa, me consta que lleva algunos años
intentándolo, y está muy enfadado por el agravio
comparativo que sufre con respecto a Dña. Cuaresma.